Cháak (Lluvia)
Si buscas gente por la calle, te darás de bruces con la nada. Todo está en reposo. Incluso si agitaras un océano entero dentro de tus ojos.
La luz del sol filtrada a través de las nubes baña de un tono grisáceo los abedules que veo desde mi ventana. Los rayos alcanzan el mismo corazón del río, que fluye sin detenerse a flirtear con el puente. El cemento, ahora húmedo, ha soportado la lluvia. Tras el serbal el follaje se amontona. Quietud es la palabra anunciada por la suave brisa en esta tarde de domingo, tan en calma que aturde mis más profundos sentidos. El cielo blanquecino en el horizonte brinda algo de cura al contemplarlo, y me apetece mirar perplejo la escena. Veo algo esencial el sentir la textura del momento. Aún el aroma de la lluvia me trae algo de paz.
Con todo, el universo espera que siga un viento invisible que no puedo ver con los ojos abiertos, y, de vez en cuando, me roba el corazón de una u otra forma.
Como gritar, callado, que la lluvia está empapando el océano, me gustaría no olvidar que el mundo es lo que mi cabeza crea.